viernes, 17 de junio de 2011

Campaña Mierani III Parte 3


Sin más salidas a la vista, regresaron a la sala oeste, a ver si encontraban otras salidas, y efectivamente, en el muro norte, enfrente de la otra puerta secreta, encontraron otra salida, que parecía llevar a otra sala de puertas de plata. Antes de aventurarse a probar qué nuevas trampas les deparaba la nueva estancia, Kildaren y Naergoth regresaron a la sala este a ver si la simetría se repetía allí. Como habían supuesto, en la pared norte de la sala apareció otra puerta que llevaba a otra pequeña sala ocupada por un muerto viviente. Empezaron a retroceder cuando escucharon como la puerta secreta sur se abría, activada por su putrefacto inquilino. Así que viendo como los dos cadáveres avanzaban sin miedo, el elfo y el tiefling se retiraron rápidamente por el pasillo avisando a gritos a sus compañeros de que tenían compañía.


El lento avance de los muertos les permitió tomar posiciones defensivas en la sala oeste, pero cuando los cadáveres aparecieron en la entrada, un extraño frío inundó sus corazones, paralizando sus músculos. El terror que sintieron era tan poderoso que ni huirles les dejaba. Solo Iliana, protegida por un sortilegio de invisibilidad ante los muertos, y Varinth, consiguieron sobreponerse al terror que ambas momias les causaba. Iliana primero volvió a lanzar el sortilegio de invisibilidad sobre la indefensa Lili, mientras Varinth conjuraba unas extrañas palabras que causaron la aparición de cinco imágenes idénticas a la del mago humano. En un primer momento las momias causaron grandes daños debido al terror que causaban, pero por momentos todos los aventureros fueron recuperándose y añadiéndose a la lucha. Decisiva fue la aportación de Lili, la cual, gracias a la invisibilidad que Iliana le había proporcionado, pudo alejarse y ganar una posición alejada desde la que desencadenar una tormenta de fuego sobre las momias, al parecer muy vulnerables al fuego. Cuando finalmente cayeron, Mohn se desangraba en el suelo y las heridas sufridas por el grupo los situaban al filo del abismo. Una vez estabilizado el guerrero elfo, decidieron resguardarse en una de las salas de las momias para descansar y recuperarse así un poco de la refriega. Tras unas merecidas horas de descanso, Lili, Iliana y Naergoth lanzaron varios hechizos de curación para sanar las heridas, pero Mohn, Iliana y sobre todo Varinth, se notaban extrañamente enfermos. Sobre su piel empezaban a aparecer extrañas ampollas blancas, y su debilidad crecía por momentos. Viendo que allí no podían hacer nada para ayudarlos, buscaron una salida en la sala oeste, descubriendo otra puerta secreta que daba a un largo pasillo. Siguiendo dicho pasillo llegaron a una salida secreta que daba al exterior, fuera de la muralla interior de la fortaleza. Abriendola con cuidado, Kildaren se aventuró al exterior, en donde empezaba la noche, averiguando que toda la muralla interior estaba custodiada por hobgoblins. Sabiendo que no podían perder tiempo, y que no podían enfrentarse a todo el contingente enemigo, decidieron escabullirse uno a uno hacía la muralla exterior, tratando de no ser descubiertos. La suerte o Findeladlara les acompañó, y lograron salir de Dol-Brondur sin ser descubiertos. 

Empezó así una carrera contra reloj para llegar a Arunthvereinth antes de que la extraña aflicción que afectaba a sus compañeros acabara con ellos, especialmente a Varinth, sin duda alguna en más afectado de los tres. Cuando hicieron una pausa para descansar al comienzo del día, descubrieron consternados que Varinth había perdido una oreja, al parecer consumida por la enfermedad, y su nariz llevaba camino de desaparecer. Además las pieles de los tres mostraban puntos en los que se estaba consumiendo, mostrando heridas como las causadas por la viruela. Varinth se encontraba como alucinado, balbuceando incoherencias y cubierto de un sudor frío. No parecía que fuera a sobrevivir. El grupo apretó el paso, mirando de reojo el estado de su compañero. Milagrosamente llegaron a tiempo para que los sacerdotes de Yuelral y Findeladlara se encargaran de salvarle la vida, pero finalmente también perdió la nariz, y su piel había quedado terriblemente marcada por los hoyuelos. Mohn e Iliana no habían sufrido una aflicción tan grave, pero las secuelas de la enfermedad también son notablemente visibles en sus pieles antes delicadas.

Campaña Mierani III Parte 2



Tras descender 5 o 6 metros, llegaron a un largo pasillo que continuaba hacia ambos lados. A la derecha se advertía la existencia de una sala, por lo que fueron hacia allí en primer lugar. Descubrieron una sala octogonal de techo abovedado, cuyos muros estaban ricamente decorados con patrones geométricos. Viendo que no existían salidas evidentes, exploraron el otro lado del pasillo, desembocando a los 10 metros en otra sala idéntica a la primera. Lili, Varinth, Iliana y Mohn se quedaron en la primera buscando puertas secretas, mientras Kildaren y Naergoth registraban la segunda. Estos últimos descubrieron una puerta en el muro sur, y al abrirlo vieron un corto pasillo que desembocaba en una pequeña sala octogonal en la que se erguía el cadaver de un humano, con la piel reseca y consumida cubierta por los andrajos de lo que debieron ser sus ropas. El cadáver levantó la cabeza y comenzó a avanzar lentamente hacia ellos, por lo que optaron por una retirada táctica. El primer grupo mientras había encontrado otra puerta en el muro sur que daba a un pequeño pasillo y que giraba inmediatamente, pero entonces llegaron los gritos de advertencia de los exploradores. El grupo se reunió en el pasillo, pero vieron que nada avanzaba hacía ellos, y al volver a la sala este, descubrieron que la puerta secreta volvía a estar cerrada. Decidieron seguir explorando el pasillo descubierto en la sala oeste, alcanzando rápidamente otra sala, también octogonal, pero de dimensiones más reducidas que las anteriores. Allí, en cada una de las paredes centrales, había una puerta cubierta por un espejo de plata, sin picaportes. Dichos espejos tenían la cualidad de no reflejar lo que ante ellas se ponía a menos que se encontrara a menos de un metro y medio. Kildaren toco la puerta directamente opuesta al pasillo de entrada, viendo como el rostro del espejo se contraía en una mueca imposible, medio rostro risueño y el otro medio triste, y al momento cayo sobre ellos una nube de un polvo verdoso que los ahogó entre toses. Salieron de la sala para recuperar el aliento, descubriendo que tanto Varinth como Mohn se encontraban como idos, alelados. Tras esto, Varinth toco la puerta norte, viendo como su imagen en el espejo se empezada rápidamente a consumir, cayéndosele la piel a trozos. Varinth cayó al suelo con una mano crispada de dolor sobre el pecho, y a pesar de saber que había estado a punto de morir, consiguió recuperarse. Por último, Iliana tocó la puerta sur, viendo como el rostro del espejo comenzaba a llorar amargamente. Una debilidad se apoderó momentáneamente de la bruja, pero esta pareció recuperarse rápidamente sin más problemas.

Campaña Mierani III Parte 1

Tras recuperar el aliento, y viendo el estado lamentable en el que había quedado el grupo, decidieron abandonar la sala del trono, sin tomarse siquiera el tiempo necesario para registrar a los cadáveres que allí había. Pero al ir a salir al exterior, dos flechas por poco impactan sobre Kildaren. Protegiéndose con la construcción, el explorador atisbó el exterior, comprobando que un nutrido grupo de hobgoblins decorados con pinturas de guerra habían tomado posiciones cubiertos por la pequeña muralla interior, y que algunos avanzaban protegidos por la alta hierba. El grupo retrocedió de vuelta a la sala, tratando de buscar desesperadamente otra salida. Mientras Varinth y Mohn reunían los cadáveres en la entrada de la sala formando una grotesca barricada, el resto registraba las paredes y suelos en busca de alguna entrada oculta. Al final la encontraron bajo el extraño símbolo del suelo, pero no había una forma aparente de abrirla. Algunas flechas empezaron a caer al interior de la sala, pero la barricada impidió que causaran daño a los defensores. También cayó un frasco de fuego alquímico que estalló en llamas sobre los cadáveres, prendiendo parte de la ropa de Naergoth, pero este no pareció sufrir daño alguno por las llamas. Finalmente, los esfuerzos de Kildaren, Iliana y Lili dieron sus frutos, encontrando unos resortes en los reposabrazos del trono que permitieron la apertura de la entrada subterránea, apareciendo ante ellos una escalera de caracol. Descendieron sin dilación, accionando otro resorte en el interior de la escalera de caracol, lo cual comenzó a cerrar la apertura. Lo último que vió Kildaren antes de descender fue la figura de una hembra drow armada con un látigo y una ballesta de mano difusa por el humo de la pira de cadáveres.